Había una vez una persona normal, que iba a la escuela, que comía con la boca cerrada y que rezaba todas la noches antes de acostarse. Pero creció. Y empezó a pensar, una de las actividades más peligrosas de estos tiempos.
Al parecer también comenzó a juntarse con la gente equivocada, a pensar a diario, hasta que un día se dio cuenta que le gustaban los hombres. Lo cual no tiene nada de malo si sos mujer. Pero él no lo era.
Entonces, pensó que lo que hacía estaba mal y calló (del verbo mentir).
Después entendió que podía hacer cosas sin que nadie supiera y creó un alterego: Ezequiel. Eze soy yo, el que escribe.
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