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jueves, 19 de febrero de 2015

Con olor a culo

Pocas veces me pasó. Creo que lo dije con anterioridad pero tengo una facilidad para exitarme. Resumiendo: soy calentón.

En esos momentos en los que necesitás descargar y con vos mismo no te alcanza tendés a llamar a una fija. Bueno, eso hice. Alguien nada particular, con el que habíamos intercambiado un par de mensajes, alguna que otra foto y se mostraba predispuesto.

Llega a casa. Resulta que lo tenía visto y lo había evitado. "Bueno, ya está. Lo tenés en casa. Vamos a hacerlo" pensé.

No me gustaba mucho. No era mi onda. Era grande, tosco, un poco fofo y evidentemente gil. Me exité y dije: "Listo. Lo cojo y lo mando a su casa". A diferencia de otras veces ni siquiera me interesaba su placer.

Empezamos. Gemía horrible y exageradamente. Lo dejé pasar. Al pasar los minutos me concentré en lo que hacía y empecé a ser distraído por otra cosa: su olor. Efectivamente, esto nunca me había pasado. Quise no darle importancia. Pero mi cuerpo no me respondía. Llegó un punto que era lo único que pensaba. Inclusive perdí la erección.

Con lo que quedaba de fuerzas corté la circulación de mi miebro, para que no dejara de perder volumen. Al ver cómo me quedaba solo, sin la ayuda de mi cuerpo, hice lo que era más humano. Fingí acabar y lo mandé a su casa. 

sábado, 14 de abril de 2012

Los ex deberían desaparecer cuando uno corta con ellos

No he tenido muchas parajes en mi vida. No he vivido tanto tampoco y me gusta conocer bien a la gente. Tener algo cercano. Tan cercano que es por eso que cuando esa persona se vuelve un/a "ex" debería desaparecer porque conoce mucho de mí. Porque me recuerda lo que sabe y me pone incómodo.

Esta es una teoría que siempre he sostenido y los que me conoce lo saben. Pero ahora vienen a cuento porque una ex noviecita (Sí, dije "noviecita") de la escuela se hizo muy amiga de mi hermana después de que cortamos. Y de sólo imaginarme de qué hablarán me poner los nervios de punta.

Mirá si les cuenta mis técnicas de cortejo, las boludeces cursis que decía, lo que hacía para verla, etc.

Lo peor es cuando en una ciudad chica te los volvés a cruzar todo el tiempo. De hecho ya es molesto cruzartelos cuando vos sabés que tuviste una historieta con ellos como para que encima -tu amigos, conocidos y familiares- te lo recuerden. "Te acordás cuando salias con fulanita" te dicen al frente de esta persona. Y vos transpirando un mar de sudor frío respondés tímidamente que sí.

Debería haber una fuerza cósmica que equilibrara el mundo amoroso y separara a los ex por lo menos en un terrenos de 1000 kilómetros de distancia uno de otro. No sé. El destino debería hacer que uno de los dos obtuviera una beca en Alemanía, por ejemplo. O, que lo contraten en una multinacional y lo trasladen a Irán.

domingo, 8 de abril de 2012

Se rompió la cadena

Estás atascado en esa situación, sin poder escapar, como la mierda que quedó en la taza del baño. Solo. Recluido en ese estrecho cuarto. En silencio. Pensás qué hacer mientras volvés a intentar.

Ahora empezás a sospechar. El dueño de casa sabía y no te dijo nada. Se caga de la risa de vos, afuera. quiere ver cómo resolvés el lío en el que te acabás de meter.

Con tu vergüenza a cuesta, salís humillado a pedir ayuda. Intentás disimularla un poco pero se te nota. Para colmo, él se hace el desentendido. Te lo hace más difícil. Le pedís a la tierra que te haga de desaparecer, como si eso alguna vez hubiese funcionado. Otra vez no resulta.

Él se apiada, te ayuda, te sobra. Te despoja de un poco de orgullo, el que te quedaba, y queda como un rey. Explica ahora que nunca tuvo ese problema, como un impotente que se justifica. No le creés pero mentís.

Tu mierda se va y sos libre. Evitarás volver a hablar de eso para no se te revuelva el estómago.