Pocas veces me pasó. Creo que lo dije con anterioridad pero tengo una facilidad para exitarme. Resumiendo: soy calentón.
En esos momentos en los que necesitás descargar y con vos mismo no te alcanza tendés a llamar a una fija. Bueno, eso hice. Alguien nada particular, con el que habíamos intercambiado un par de mensajes, alguna que otra foto y se mostraba predispuesto.
Llega a casa. Resulta que lo tenía visto y lo había evitado. "Bueno, ya está. Lo tenés en casa. Vamos a hacerlo" pensé.
No me gustaba mucho. No era mi onda. Era grande, tosco, un poco fofo y evidentemente gil. Me exité y dije: "Listo. Lo cojo y lo mando a su casa". A diferencia de otras veces ni siquiera me interesaba su placer.
Empezamos. Gemía horrible y exageradamente. Lo dejé pasar. Al pasar los minutos me concentré en lo que hacía y empecé a ser distraído por otra cosa: su olor. Efectivamente, esto nunca me había pasado. Quise no darle importancia. Pero mi cuerpo no me respondía. Llegó un punto que era lo único que pensaba. Inclusive perdí la erección.
Con lo que quedaba de fuerzas corté la circulación de mi miebro, para que no dejara de perder volumen. Al ver cómo me quedaba solo, sin la ayuda de mi cuerpo, hice lo que era más humano. Fingí acabar y lo mandé a su casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario