Hay pocas cosas por las que te pagan y por las que podrías decir que sos un trabajador. Pero si te ponés a pensar hacés muchas más de las que se contabilizás en tu currículo. Por ejemplo, cuidar a tus perros, hacer la comida, limpiar tu cuarto, etc.
Todas esas pequeñas tareas no son consideradas, nadie te paga un sueldo por hacerlas pero deberían constituir parte de las habilidades que sabés hacer. Antiguamente, a las mujeres, que no se les permitía trabajar como ahora, se las llevaba de habilidades (algo inútiles) para su vida en matrimonio. Así la doncella sabía cocinar, bordar y abrir la puerta para ir a jugar.
Deberíamos hacer organizaciones, tales como sindicatos, que ayuden a salvaguardar las pequeñas actividades no contempladas como laborales. Por ejemplo una asociación de empleados que lavan sus tazas en la oficina, o una confederación de los compañeros que siempre traen bizcochos. Piénsenlo.
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