miércoles, 4 de abril de 2012

Un católico descarriado

Fui a una escuela religiosa. En mi familia la religión siempre fue importante. Prácticamente podríamos dividir en dos a todos los que la integran: los que son fanáticos del Señor y los que atentan contra Él.

Durante mi vida me ido ubicando alternadamente en estos lugares. Hoy no sé donde me ubicaría. Pero sin embargo conocí a un católico descarriado, o tal vez un nuevo mecías gay.

Atractivo, conocedor de la palabra, con rose en el clero de la comunidad y muy puto son los adjetivos que lo definen. La primera vez que lo vi ni siquiera me fijé mucho en él. "Zafa" pensé, pero me dio religioso y no lo miré más.

Una vez que lo hurgué más y llegué a su interior -después de literalmente haber estado ahí- en esas conversaciones que se suceden después del acto le pregunté: "¿Cómo lidiás con esto y tu fe?" a lo cual él respondió:  "¿Esto qué?". Inmediatamente creí que era un boludo, pero analizándolo en profundidad me dije "Es un genio. Ni siquiera es importante para él".

Después de varios encuentros entendí -no es porque necesitara de varias reuniones sino porque realmente me gustaba- que él tenía su propia filosofía. Es decir llevaba su fe de una manera diferente. Practicaba, cumplía con los rituales, repetía lo que tenía que decir y luego se encamaba con tipos, les hablaba de Dios. En fin, evangelizaba profesando el amor. 



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