Tenía compañeros en la secundaria los cuales odiaban inglés. Probablemente los tengas (o los tuvieras), o lo eres (o eras). Pero ese no es sobre lo que me que me llevó a escribir hoy, sino la idea que hay atrás de esta materia.
Se suponía, en mi época por lo menos, que si hablabas inglés eras traga. O que si no lo hacías eras de un grupo social determinado, generalmente vulnerable. Nunca pude entender por qué.
El problema era que había gente que se negaba, o se asociaba, a esta idea con tanta fuerza que esto afectaba cómo avanzar sobre esa materia. Así los que querían ser identificados como un grupo de rebeldes antiyankies optaban, o se esforzaban, para hablarlo mal. Mientras que los que quería hacerse los chicos de mundo lo intentaban incorporar en su vida diaria.
Yo pasé por ambas etapas aunque el idioma me gustaba (la mayoría de mis bandas favoritas lo usan) y me sentí conflictuado sobre el pertenecer a los dos grupos. No sé, supongo que serán cosas de pibes.
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